Turismo en Salto: entre el buen diagnóstico y el desafío de la gestión

Turismo en Salto: entre el buen diagnóstico y el desafío de la gestión

*Por Juan Andrés Pardo

Hace algunos días publiqué en mis redes sociales una reflexión breve a partir de una imagen: la antigua oficina de turismo de la ciudad de Salto, ubicada en un punto estratégico para la recepción de visitantes, está siendo desmantelada para instalar allí el Registro Civil.

Acompañé la imagen con una frase sencilla: en un departamento que dice apostar seriamente al turismo, que suceda algo así y que además, a más de seis meses de iniciada la gestión departamental, aún no existan autoridades o jerarquías designadas específicamente para el área, no es una buena señal.

Algunos medios recogieron ese comentario y lo presentaron como una crítica a la gestión departamental. No era esa la intención principal. Por eso creo oportuno ampliar la reflexión. Quiero comenzar diciendo algo con total claridad: coincido con el diagnóstico sobre la situación del turismo en Salto que figura en el programa de gobierno presentado por la actual administración.

Es un diagnóstico honesto y bastante acertado. Allí se reconoce que el turismo del departamento tiene un enorme potencial, pero que también enfrenta problemas estructurales: infraestructura termal que necesita modernización, escasa articulación entre actores, una oferta turística todavía poco integrada y la necesidad de mejorar la promoción del destino.

También, en líneas generales, comparto la visión y líneas de trabajo que plantea el programa respecto al rol del turismo en el desarrollo del departamento. Es muy positivo que se lo entienda como una actividad estratégica que dialoga con otros sectores: la cultura, el deporte, la gastronomía, la producción local y el medio ambiente.

Ese enfoque es consistente con las tendencias actuales del turismo en el mundo, donde los destinos que crecen son aquellos capaces de integrar experiencias diversas en torno a su identidad territorial. En otras palabras: el diagnóstico y la visión están bien encaminados. El desafío aparece cuando pasamos del diagnóstico a la gestión. Las buenas ideas, por sí solas, no se implementan. Para transformar una estrategia en resultados concretos se necesitan equipos, planificación, continuidad institucional y conducción técnica. El intendente tiene la enorme responsabilidad de gestionar un departamento entero.

Es lógico que no pueda ocuparse personalmente de cada área específica. Para eso existen las direcciones, coordinaciones o secretarías, integradas por personas con formación y experiencia en cada materia. En el caso del turismo, hoy Salto no cuenta con una figura jerárquica clara ni con un equipo técnico visible que conduzca la política turística del departamento, con excepción de un coordinador para cada centro termal. Tampoco existe una coordinación o secretaría específica que permita articular al sector público con el sector privado, diseñar estrategias de promoción, desarrollar productos turísticos o impulsar proyectos de inversión. Sin esa estructura mínima de gestión, incluso las mejores propuestas terminan siendo difíciles de ejecutar.

Lo señaló desde una perspectiva estrictamente técnica y con un objetivo que creo compartimos la mayoría: que el turismo de Salto crezca y se consolide como un motor real de desarrollo regional. El departamento tiene condiciones extraordinarias para lograrlo. Las termas siguen siendo un activo fundamental, pero también existe un enorme potencial en el turismo cultural, en las experiencias vinculadas al río Uruguay, en el turismo gastronómico, en el deporte, en los eventos y en la integración con el interior del departamento. Además, existe una oportunidad que todavía está poco explorada: el desarrollo de propuestas regionales y binacionales que integren a Salto con Paysandú y con las ciudades del litoral argentino.

En el mundo actual, los destinos que crecen no son los que compiten entre sí dentro de una misma región, sino aquellos que logran complementarse. Por todo esto, mi comentario inicial no pretendía ser una crítica política. Fue, y sigue siendo, una preocupación profesional. Quienes trabajamos en turismo sabemos que el desarrollo de un destino no ocurre por casualidad. Requiere visión estratégica, pero también institucionalidad, equipos técnicos y continuidad en las políticas públicas.

El programa de gobierno de la actual administración contiene ideas valiosas. Ojalá esas ideas puedan transformarse en políticas concretas. Para que eso ocurra, el primer paso es dotar al turismo de la estructura técnica y jerárquica necesaria para llevarlas adelante. Porque si algo está claro es que el turismo puede ser una de las grandes oportunidades de desarrollo para Salto y para toda la región. Y cuando se trata de oportunidades de desarrollo, cuanto antes empecemos a trabajar seriamente en ellas, mejor.