Mercosur–Unión Europea: que lo político no empañe la integración
Por Daniel Peppa – Valor Agro Argentina
La vida me regaló la posibilidad de estar presente como periodista acreditado en Asunción del Paraguay cuando nació el Tratado del Mercado Común del Sur, el 26 de marzo de 1991. Aquel día se firmó el acuerdo que dio origen a lo que hoy conocemos como Mercosur, un hito de la integración latinoamericana.
Pasaron ya 35 años de aquel mojón histórico. Recuerdo que, previamente a esa firma, hacia fines de los años 80, hubo intensas conversaciones y negociaciones encabezadas por los entonces presidentes de Argentina, Raúl Alfonsín, y de Brasil, José Sarney, como principales protagonistas del proceso.
La lógica era muy clara: que los grandes —Brasil y Argentina— no se “comieran” a los chicos —Uruguay y Paraguay—, y que estos últimos pudieran aprovechar las ventajas comerciales de la integración, evitando que el Mercosur quedara reducido a una simple unión aduanera.
Luis Lacalle Herrera, presidente de Uruguay al momento de la firma en 1991, repetía una frase de manera constante: “Tendremos un mercado de más de 200 millones de habitantes”. El mandatario oriental compartió aquel momento fundacional con sus pares Carlos Menem (Argentina), Fernando Collor de Mello (Brasil) y Andrés Rodríguez (Paraguay).
Hoy, más de tres décadas después, escucho reiteradamente que el acuerdo Mercosur–Unión Europea es relevante porque involucra a un mercado de 700 millones de personas. Y no puedo evitar reflexionar: ojalá no se repita la historia del Mercosur, marcada por mezquindades políticas e intereses ideológicos que terminaron primando por sobre los verdaderos objetivos de la integración.
Nunca se logró plenamente aquello que debería haber sido el corazón del Mercosur: fortalecernos como naciones a partir de un bloque sólido. No hablo de la utopía de una moneda común, como la que consiguió Europa luego de décadas de negociaciones, sino de algo más básico y necesario: actuar como un bloque fuerte frente al mundo y dejar de estar permanentemente sometidos a barreras arancelarias y comerciales impuestas por otros espacios económicos, como claramente ha sucedido.
A fines de diciembre de 2024, en Montevideo, se vivió una “prefirma” del acuerdo con la Unión Europea, presentada con bombos y platillos. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, fue recibida por el anfitrión Luis Lacalle Pou —hijo de uno de los presidentes fundadores del Mercosur— junto a Javier Milei (Argentina), Lula da Silva (Brasil) y Santiago Peña (Paraguay).
Desde el punto de vista ideológico, y en la forma de ver el mundo, era evidente en aquel momento la supremacía de tres presidentes frente a uno, Lula da Silva. Hoy ese escenario se equilibró con la llegada de Yamandú Orsi a la presidencia de Uruguay.
Paradójicamente, el presidente de Brasil, quien hizo mucho para que este acuerdo con la Unión Europea avanzara, no estará presente en el momento decisivo. Todos conocemos que hay razones de geopolítica que explican esa ausencia.
Por eso sostengo, con firmeza, que la política no debe empañar la integración. Europa nos ha dado una lección: pese a profundas diferencias ideológicas, actúa como bloque y ha logrado consolidar una posición de fortaleza global.
Ojalá este acuerdo con la Unión Europea sirva para que el Mercosur recupere su razón de ser, se fortalezca como bloque regional y la integración latinoamericana alcance, a partir de este paso, otra dimensión.
El tiempo, como siempre, lo dirá.