La baja de tasas del Banco Central busca amortiguar la caída del dólar, pero no cambiar la tendencia global
La reducción de la tasa de interés del Banco Central busca contener una inflación por debajo de la meta y amortiguar la caída del dólar, en un contexto de atraso cambiario y de debilitamiento global de la moneda estadounidense, con impactos directos en el crédito y en las decisiones de inversión.
La reciente decisión del Banco Central del Uruguay (BCU) de reducir la Tasa de Política Monetaria (TPM) en un punto porcentual, de 7,5% a 6,5%, volvió a poner al dólar en el centro del debate económico . La medida se da en un contexto de creciente preocupación por el atraso cambiario, especialmente desde el sector agroexportador , y en un escenario internacional marcado por un debilitamiento generalizado de la moneda estadounidense.
El tema fue analizado por el economista Gabriel Genta, de Gletir, quien explicó que la decisión del BCU responde principalmente a su mandato central: el control de la inflación, y no directamente al nivel del tipo de cambio.
“La inflación en Uruguay viene contenida desde hace varios años y hoy incluso se ubica por debajo de la meta. Ese fue el principal disparador de la baja de tasas”, señaló Genta en Valor Agregado de radio Carve. No obstante, reconoció que la medida también tiene efectos colaterales sobre el dólar, en un momento en que la moneda estadounidense muestra una tendencia bajista a nivel global.
Según explicó, el debilitamiento del dólar no es un fenómeno exclusivo de Uruguay. “El dólar global, medido por el índice DXY, se ha debilitado de forma significativa en el último año, y lo mismo ocurre en países de la región como Brasil, Colombia o Perú. Uruguay no puede ir contra esa tendencia”, afirmó.
Sin embargo, Genta admitió que en el plano local existen factores que profundizan la caída. Un mayor ingreso de divisas por exportaciones, junto con una menor demanda estacional de dólares vinculada al turismo, generan un exceso de oferta que acentúa el atraso cambiario. “De acuerdo a las mediciones del Banco Central, el tipo de cambio real estaría alrededor de un 15% por debajo de su nivel de equilibrio”, indicó.
En ese contexto, la reducción de la tasa de interés aparece como una señal relevante. Genta destacó que la decisión fue inusual, tanto por el adelanto de la reunión del Comité de Política Monetaria como por la magnitud del recorte. “Una baja de un punto porcentual es significativa y no es algo que se vea habitualmente. Claramente apunta a aliviar las presiones sobre el tipo de cambio, aunque no puede revertir una tendencia global”, subrayó.
Consultado sobre la posibilidad de que el BCU intervenga directamente en el mercado de cambios, Genta señaló que una eventual compra de dólares —algo que no ocurre desde hace varios años— podría ayudar a amortiguar movimientos bruscos, pero no a modificar el rumbo de fondo. “Las intervenciones pueden suavizar la volatilidad, pero no cambian la tendencia si el dólar global sigue a la baja”, sostuvo.
Más allá del impacto cambiario, la baja de tasas también tiene efectos sobre el crédito. “La TPM es la referencia para todo el sistema financiero. Más temprano que tarde, los bancos ajustan sus tasas en línea con el Banco Central, lo que se traduce en créditos más baratos y mayor liquidez”, explicó el economista.
En el plano de las inversiones, Genta señaló un cambio estructural en el comportamiento de los ahorristas. “Hace algunos años casi nadie quería invertir en pesos. Hoy vemos cada vez más inversores que toman posiciones en moneda local, aunque manteniendo diversificación”, comentó. Según detalló, en el último año quienes invirtieron en dólares perdieron cerca de 15% medido en términos reales, mientras que las inversiones en pesos llegaron a rendimientos del orden del 25% cuando se las mide en dólares.
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