Gonzalo Herrán: “En la última campaña de invierno tuvimos rendimientos récord en Argentina”

Gonzalo Herrán: “En la última campaña de invierno tuvimos rendimientos récord en Argentina”

El productor de provincia de Buenos Aires se refirió a la actualidad del negocio agrícola y ganadero en el vecino país.

—¿Cómo empieza tu historia en el agro?

—Vengo de una familia vinculada al campo. Mi padre era agrónomo y mi madre también estaba relacionada porque tenía campos en la provincia de Buenos Aires. Cuando tuve que elegir qué estudiar, no quería hacer agronomía, pero sí quería algo vinculado con el campo. Así es que estudié Licenciatura en Economía Agropecuaria, que es una carrera algo menos técnica pero con más incorporación de materias de economía y administración de empresas. Cuando me recibí, en el año 1993, el campo pasaba por una situación muy mala. En Argentina teníamos un gobierno que hizo reformas amplias y profundas, en la época de Menem, teníamos un tipo de cambio algo retrasado y un mercado internacional muy deprimido, por lo que el campo pasaba por momentos de rentabilidad muy mala. Ahí tomé la decisión de salir del sector. Por esas cosas de la vida terminé trabajando en el área de telecomunicaciones en Telecommerce Argentina.

—¿Mantuvieron el campo familiar?

—Sí, pero la realidad es que mis ingresos como empleado de una corporación eran cerca del triple de los ingresos de mi madre como propietaria de una extensión de tierra, que era bastante más importante que el promedio, por cierto. Eso te pintaba la situación del momento.

—¿Y en qué momento decidís volver?

—En Argentina ocurrió otra situación bastante especial, como nos tiene acostumbrados. En 2001 voló por los aires el sistema de convertibilidad de moneda, hubo una devaluación feroz. En ese caso, Telecommerce fue la más perjudicada porque tenía una deuda contraída en el exterior, como toda empresa grande fondeándose con moneda dura. Pasamos un tiempo con muy poca inversión y poco desarrollo de productos, por lo que decidí renunciar y empecé actividad en la construcción. Armé una empresa constructora, que era algo que me gustaba y me pareció interesante el negocio allí. Estuve unos 10 años hasta que mi padre se enfermó y, como yo siempre había tenido la semillita del agro, me invitaron a participar y volví de lleno a la actividad.

—¿Qué aprendiste de afuera del agro que pudiste utilizar adentro?

—El agro tiene mucho de vocacional, hasta te diría algo de romántico. A mi la vida de empresa y sobre todo de una empresa grande creo que me dio experiencia. Fui rotando por diferentes lugares y me dio, creo yo, una visión global del negocio en áreas de control de gestión y de planeamiento. Eso es un aporte importantísimo en general para cualquier profesional: pasar un tiempo en una empresa así te da estructura, forma de pensamiento, disciplina y te permite estudiar distinta cantidad de negocios como si tuvieras la posibilidad de hacerlos a todos. El aporte de la empresa de construcción fue en todo lo que es liderar un equipo, emprender, ser consistente, crear reputación, buscar clientes o inversores.

—¿Cómo se compone ahora tu esquema de producción agropecuaria?

—Hoy dirijo una empresa familiar que tiene un campo en Pergamino, zona núcleo de Buenos Aires. Este es básicamente agricultura con muy alto potencial por la zona en la que está, por los suelos y por su clima. La empresa tiene tres campos en el suroeste de Buenos Aires, básicamente ganaderos. Se hace algo de agricultura en las lomas y partes altas, pero no es de tan alto potencial. De esos 3 campos, uno está explotado por cuenta propia con la ganadería en cría y recría, los otros dos están arrendados a terceros. Son campos que fuimos comprando y todavía no estamos en condiciones de trabajar por cuenta propia por una cuestión de capital de trabajo.

—¿Qué superficie manejan y qué rendimientos suelen tener?

—Manejamos 3.900 hectáreas propias, no tenemos nada arrendado a terceros. El campo empezó con un plan de fertilización incremental desde hace 7 años, donde fuimos levantando los niveles de fósforo y azufre, porque por la agricultura continua, con rotación y en siembra directa veníamos en un planteo básicamente extractivo y no llegábamos a reponer la cantidad de nutrientes. El campo desde hace ya 3 o 4 años recuperó plenamente su potencial productivo y esperamos unos 100 a 120 quintales de maíz (12.000 kilos aproximadamente) y tenemos unos 50 quintales de piso en soja de primera (5.000 kilos), que podría ser aproximadamente 60 en los años favorables. En cultivos de invierno, tenemos arveja y trigo, que están con niveles de producción muy altos. Tenemos un piso de 50 quintales en trigo, pero este año ha sido uno de los mejores de la historia con 74 quintales promedio (7.400 kilos).

—¿Utilizan riego?

—No y no le encontramos motivo económico por el que usarlo. Son suelos profundos, lo que en Argentina se llama clase 1, son de más alto potencial, capaces de almacenar cerca de 300 milímetros de agua útil en el perfil, es una inmensidad de agua. Normalmente tienen napa accesible, aunque en los últimos años no porque la lluvia ha bajado por debajo de los promedios y hoy está en 2 metros.

—¿Cómo está la rentabilidad hoy?

—La rentabilidad está básicamente determinada por 3 factores. El primero es el costo de la tierra. Nosotros aunque la explotamos por cuenta propia, internamente tenemos la figura del arrendamiento para que nos permita evaluar la retribución del capital tierra como tal. En segundo lugar están los precios internacionales y los derechos de exportación, que hoy son más gravitantes que nunca, donde Brasil está jugando un partido aparte en el mercado internacional por su crecimiento en la producción. Tercero están los costos o el paquete tecnológico que requieren los cultivos. La producción se ha complejizado mucho por el tema malezas resistentes, con lo cual la inversión en cada cultivo o el costo que tiene con la necesidad de aplicación de fertilizantes determina que tengamos que apuntar sí o sí a rendimientos muy altos para tener algo de rentabilidad. Si pensamos en hacer un cultivo bueno desde el punto de vista agronómico, correctamente planteado y ejecutado, vamos a tener sí o sí costos muy altos, sobre todo de fertilización y control de malezas, por lo que estamos obligados a conseguir rendimientos muy por encima de los promedios históricos.

—¿Hoy es viable o rentable la producción agrícola argentina?

—En 2025/26 se espera una campaña muy ajustada en los márgenes. La gran incógnita es el nivel de producción, que va a depender de las lluvias. Venimos muy por encima de la media en precipitaciones y en el rendimiento de los últimos cultivos de invierno. Estamos con toda la esperanza puesta en que los cultivos de verano sean parecidos.

—¿Cómo cerró el invierno?

—Muy bien, con márgenes positivos. Nuestros rindes de diferencia en trigo están en 53 quintales. Eso es muy alto, es lo que estamos presupuestando y es el nivel de producción que necesitamos. Claramente, al tener producciones muy superiores a esas, estamos tranquilos aunque la calidad no ha sido óptima y es natural que así sea porque con estos niveles de rendimiento baja el nivel de gluten, de proteína, de peso hectolítrico, tienen castigo y no conseguís precio lleno. Igualmente, la realidad es que han sido rendimientos récord.

—¿Cómo está el tema dólar?

—Hoy no es un problema. Estamos en niveles razonables. El problema de Argentina pasa por cuestiones estructurales, por costos internos que tiene el país, costos laborales, impositivos y no tanto por lo que viene dado. La realidad es que nosotros tenemos componentes de flete o gastos comerciales, laborales y mucha presión impositiva sobre el resultado. Hay oportunidades sobre las cosas en las que uno puede trabajar, ya que difícilmente uno pueda modificar los precios internacionales o el tipo de cambio.

—¿Cómo se compone y cómo viene cerrando su producción ganadera?

—Nosotros tenemos cría y recría, no tenemos terminación ni a pasto ni a corral. La ganadería está pasando por un momento muy favorable. Es un momento que hemos esperado durante muchos años, porque el nivel de complejidad y de demanda o la necesidad de estar en el proceso productivo día a día que tiene la ganadería es fenomenalmente demandante. Yo no me explicaba cómo esta actividad podría seguir siendo mantenida por las empresas con un nivel tan bajo de rentabilidad. Hoy eso se acomodó bastante, veremos si es estructural o coyuntural. Aparentemente hay una parte de cada cosa, pero realmente hoy la ganadería tiene sentido y le da la razón a quienes durante muchos años vinieron esperando que la vaca, el ternero y el novillo tuvieran precios razonables en términos relativos. Hubo momentos en los que en Argentina valían más un par de zapatos que una vaca, es una comparación bastante conocida. Eso ha generado que la gente a nivel de empleo no lo viera como algo atractivo, pero lo que ha hecho Argentina es mantener su potencial productivo, ir mejorando desde el punto de vista genético, comercial y entendiendo a la producción siempre orientada al cliente y a la demanda.

— Has tenido una participación activa en los grupos CREA argentinos, ¿qué rol ocupan hoy allí?

— En Argentina tienen 65 años de antigüedad. Su propuesta de valor ha sido fundamental y sigue vigente en el sector, tanto para quienes pertenecen al movimiento como para quienes están fuera de él, ya que pueden tomar datos, análisis, evaluaciones de campaña y seguir la información. CREA tiene un potencial fenomenal desde el punto de vista humano especialmente, lo que lo ha hecho siempre atractivo. Es probable que pueda abrirse en el futuro a que más gente pertenezca, quizás con algunas formas distintas a las actuales, pero resulta sorprendente el nivel de apoyo, aceptación y compromiso que tienen los propios y ajenos a la institución. Es una satisfacción grande porque uno trabaja para la institución y se da cuenta que tiene sentido hacerlo.

— Para cerrar, hablemos algo del valor de la tierra y las inversiones. ¿Cuál es la situación actual?

— Dentro de nuestro sector tenemos que ver al negocio del campo con una pata adicional: la inmobiliaria. El campo no deja de ser un inmueble, no deja de estar en el negocio inmobiliario. En términos del precio de la tierra, Argentina tiene muchísimo para ganar en el futuro en la medida en la que el contexto país, la estructura, las reglas de juego que tienen que ver con lo laboral y las prácticas de negocio o los acuerdos comerciales acompañen. Esto tiene que permitirle a Argentina valorizar sus recursos productivos mucho más de lo que tiene actualmente. Eso me sorprende porque si bien se han movido los precios de los campos, la realidad es que el potencial es aún muchísimo mayor. Cuando uno mira el negocio del agro, también tiene que mirar el negocio inmobiliario, porque no deja de ser un aporte a una futura renta o capitalización patrimonial.

Rurales El País