Gabriel Carballal: “Si tuviéramos seguros, los agricultores se animarían a invertir más en el campo”

Gabriel Carballal: “Si tuviéramos seguros, los agricultores se animarían a invertir más en el campo”

El productor habló del momento agrícola, de los seguros, del riego y de la irrupción estructural de cultivos de invierno

Por Hernán T. Zorrilla

—¿Cómo estás viendo la actualidad del negocio agrícola?

—La agricultura nacional tiene hoy una de cal y una de arena. Venimos con años buenos de producción, de hecho acabamos de terminar el mejor año productivo de la historia en soja y maíz. A esto sumamos que es la cuarta o quinta zafra consecutiva con muy buenos rendimientos en agricultura de invierno. Los deberes los productores los están cumpliendo. La mala noticia es que la situación actual de precios está floja: corregidos por inflación la soja está al borde de tener el precio más bajo de su historia. A esto agregamos que los costos son muy elevados, algunos son estructurales y muy rígidos, por eso es necesario sacar muchos kilos. Si la cosa está así ahora, es pertinente pensar que en algún momento debería venir la tendencia alcista, pero se mentendrá la luz naranja de los costos. Comparados con los vecinos estamos mucho más caros.

—Hace un tiempo escribiste una columna en Valor Agrícola titulada “Desafiando la escasez”, que hablaba de los desafíos de los agricultores uruguayos de producir muchos y bien en un ecosistema tan “clima dependiente”. ¿Qué se puede hacer con eso?

—Totalmente. El productor uruguayo es clima dependiente: si hay buenas condiciones los rendimientos que sacamos son casi argentinos. Pasa ahora con el invierno. Si me preguntas herramientas para mitigar riesgos, hay varias opciones. La primera es la enorme rotación de cultivos que tiene hoy nuestro país. Cuando salimos al exterior, a todos les llama la atención la cantidad de cultivos que hacemos en un año: carinata, trigo, cebada, camelina, colza, soja, maíz, girasol, sorgo… El hecho de tener muchas opciones te indica que nunca estás en el techo, porque si por ejemplo lo que funciona es el maíz no tenés toda el área de maíz en verano, pero a su vez permite que tampoco tengas un gran revolcón porque son varios los fusibles. Todo esto siempre lo pensamos a excepción de una situación extrema, como fue la sequía de 2022/23.

—¿Seguros?

—Tener seguros sería excepcional, pero precisamos una mano externa. Cuando se quiso hacer el seguro de productores versus clima no funcionó, porque tenemos un clima muy difícil. Para que sea bueno debería ser caro y nadie lo compraría, porque el gobierno no subsidia. En Estados Unidos hay un seguro caro, pero el Estado lo subsidia. El riego es otra de las opciones, pero es más restrictiva porque en general requiere que seas tenedor de la tierra. La agricultura en Uruguay, en un 70%, se hace en manos de terceros, o sea arrendatarios. En mi caso, por ejemplo, hago el 100% de mis chacras en arrendamiento. El riego necesita inversión y largos plazos de amortización. Pero volviendo a los seguros, si yo fuera Ministro lo pondría en el título del libro. Además, sé que es una herramienta que funciona porque la veo en el exterior. No pido un seguro como el de Estados Unidos que asegure rentabilidad, yo me animo a perder algo, pero si me permite recortar pérdidas me permite también animarme a invertir más en el campo. Y si el año es bueno, como muchas veces pasa, tendré un 5%, 10%, 15% o 20% más de producción que la que tengo hoy porque aplicaré tecnología para eso. El maíz bajo riego puede dar 15.000 kilos, pero nunca lo daría uno de secano ni aunque llueva todos los días, porque ante esa inseguridad los productores no fertilizan ni aplican tecnología para eso…

—La soja es el cultivo que encabeza las rotaciones agrícolas del país, ¿hay espacio para repensar eso?

—La soja sigue siendo la reina del paquete de cultivos. Uno mira en hectáreas y ve la soja cerca de 1.200.000, mientras que le sigue el trigo con 400.000. Por la forma, la estructura, los costos, la facilidad del cultivo, la sinergia con la siembra directa, la soja ha interpretado como es la agricultura uruguaya, argentina y brasileña. No necesita nitrógeno, es un cultivo que se hace con una semilla que podés guardar. De todos modos, otro de los grandes cambios que veo es el incremento sostenido de cultivos de invierno. Cuando vino la ola argentina hace algunos años, era todo soja. No había invierno, no había maíz, no había opciones. Estructuralmente vinieron para quedarse, es una diferencia sustancial. En el paquete de cultivos de verano está tomando fuerza también el maíz y el girasol, si bien este último con sus limitantes por las malezas. El maíz tiene un paquete biotecnológico que calza bien en las rotaciones, lo podés sembrar desde setiembre hasta diciembre, tiene mucha plasticidad. La limitante, como hemos hablado, es el consumo. El maíz funciona bien cuando alcanza justo o cuando falta, por la paridad de importación. Si vale afuera más o cuesta traerlo, tenemos maíz de US$ 200. Ahora, si sobra y hay que exportar, el precio cae a US$ 140.

—¿Y qué se podría hacer?

—La demanda interna es fija con corrales, tambos, avicultura o producción de cerdos, pero tiene un límite que es muy parecido a las 300.000 hectáreas que parece que hay ahora. Si viene un año bueno y sobra medio barco, el precio cae US$ 50 o US$ 60. Y por ahí tenemos la madurez para pensar en la producción de biocombustibles. Estados Unidos come 160 millones de toneladas, es decir un tercio de su producción, en etanol. Brasil lo mismo, lo están explotando. Es un tema para conversar, porque tenemos un abanico de cultivos excelente y hay que considerar opciones.

—Con estos precios, ¿ves un corrimiento de campos agrícolas a ganadería?

—No, muy poco. La agricultura en Uruguay no ocupa ni la mitad del área potencial que se podría cultivar. Podríamos hacer 3 millones de hectáreas, aunque con otros números, y hacemos un millón y medio. En 2009 o 2010 nos fuimos a 1.800.000 hás, pero explotando más la frontera agrícola. Hoy no. Transformar campos agrícolas en ganaderos o viceversa tiene un alto costo de inversión. Estructuralmente las empresas suelen rotar de cultivos a praderas y viceversa, pero no veo grandes cambios. Hay que considerar que con estos valores las rentas ganaderas están cerca de las agrícolas: el negocio funciona bien si estás adentro, pero entrar es difícil y caro.

—Para cultivos de verano, ¿ves una superficie similar?

—Creo que sí. No veo la primavera del maíz tampoco, sino una estructura más conservadora y sostenible de hacer de todo un poco, o de todo mucho como dice un amigo. Lo que sí sucede es que los precios juegan a favor o en contra de la aplicación de tecnología o el uso de insumos, y pienso que es una trampa que nos hacemos porque a los costos hay que medirlos en dólares por tonelada y no por hectárea: hay que hacer un uso agrointeligente de los recursos.

IA, nuevas tecnologías y conciencia agropecuaria

—¿Cómo ves la irrupción de la inteligencia artificial y a la propia tecnología como una puerta de entrada para personas de otras disciplinas al rubro agropecuario?

— Muy interesante. Sumar personas de afuera del bloque es fundamental. En 2023 fuimos a la Universidad de Illinois en Estados Unidos, visitamos un centro manejado por la gente de Bayer, y para aquellos estudiantes de agronomía o tecnología habían becas de hasta un 100%. En Uruguay por ejemplo, apareció una tecnología nueva que son los drones. Atrás de eso aparecieron empresas que en su mayoría están lideradas por gurises de 25 a 35 años, que compraron equipos y salieron a aplicar, hacen mapas y mucho más. Todo eso es cosecha de información, algo fundamental en el agro de hoy en día, casi tan importante como el grano mismo. La nueva generación de personas vinculadas al agro, de la mano de la tecnología, es muy interesante: traer gente, abaratar costos con la tecnología, aprovechar mejor la información… Tenemos que hacer una agricultura lo menos riesgosa posible, y lo que no medimos no lo podemos mejorar.

—Formás parte de la Global Farmer Network. ¿Cómo ves todo el tema de la conciencia agropecuaria, la interacción con otros sectores de la sociedad y el lobby político en nuestro país?

— Hay una oportunidad muy grande allí. Somos un país agrícola ganadero y forestal, con más servicios alrededor. Es un país chico donde cualquier persona de Montevideo hace 50 kilómetros y está en el medio del campo. Hay una falencia allí. Tenemos instituciones que nos representan y se dedican a eso, pero vienen desde hace 100 o 120 años y es difícil a veces derrumbar algunas estructuras rígidas. La carencia es en comunicación: hablamos muy bien y nos entendemos entre nosotros pero no llegamos a la población en general. Hay gente y organizaciones que lo han hecho toda la vida y los aplaudo, pero ha sido ineficiente a mi entender. Hay que invitar, mostrar, abrirse más. Hoy el mundo nos demanda mucha más información.

Rurales El País