En la mira de gente con demasiadas balas: el contexto del asesinato en la puerta del Inisa
El joven tenía antecedentes por robo de motos y estaba “sentenciado” por un clan delictivo. Le efectuaron 60 disparos.
Las autoridades continúan trabajando en el esclarecimiento del asesinato de un joven de 19 años, abatido a disparos en la puerta de un centro del Instituto Nacional de Inclusión Social y Adolescente (Inisa) situado en la avenida Burgues.
Tal como informáramos, el occiso cumplía una pena en el lugar, en régimen semiabierto y estaba cerca de recuperar su libertad.
Según informa el noticiero Subrayado (Canal 10), la Policía maneja como una de las principales líneas de trabajo un conflicto que la víctima mantenía con una conocida familia vinculada a actividades delictivas en el oeste de Montevideo.
Durante el ataque, los agresores demostraron gran poder de fuego: efectuaron alrededor de 60 disparos. Hasta el momento, no hay personas identificadas por el homicidio.
El ahora fallecido había sido condenado por rapiñas, principalmente de motocicletas, y en aproximadamente un mes recobraría la libertad. Tras el ataque, Policía Científica constató 14 impactos sobre el portón del inmueble, algo que fue denunciado oportunamente por el sindicato de la institución, el Suinau.
“Claramente, si del otro lado de ese portón hubiera habido un trabajador o algún otro joven de ese centro, habríamos lamentado más pérdidas de vidas humanas”, expresaron los trabajadores en un comunicado.
La investigación también comprende el entorno familiar de la víctima y a otros internos del centro. Por disposición de la fiscal de Homicidios Mirta Morales, fueron incautados tres teléfonos celulares. Uno de ellos fue destruido por un interno cuando los efectivos policiales intentaban retirarlo.
El presidente del Inisa, Jaime Saavedra, calificó lo ocurrido como «un hecho tremendo, sin precedentes», y afirmó sentirse «conmovido» y «angustiado» por el homicidio. Explicó que el joven integraba un programa de semilibertad autorizado por la Justicia para un grupo reducido de internos. «Los gurises que se portan bien, con autorización judicial, hacen una vida similar a la de la libertad. Tienen ocho horas durante el día para ir a estudiar, para ir a trabajar o buscar trabajo, o para estar con su familia», señaló.
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