En la mira de EE UU, el Pix brasileño queda en el centro de la disputa por el control de los pagos globales

En la mira de EE UU, el Pix brasileño queda en el centro de la disputa por el control de los pagos globales

Aunque el conflicto tiene su origen en la guerra comercial, el debate gira también en torno a la influencia geopolítica y la soberanía digital y monetaria. El control de los sistemas de pago otorga a EE UU poder para imponer sanciones.

En el punto de mira de la nueva batería de aranceles impuesta por el gobierno de Trump, el Pix, el sistema de pagos instantáneos que revolucionó las transacciones financieras en Brasil y se ha convertido en una de las soluciones más apreciadas por los brasileños, ha pasado a ocupar el centro de una disputa internacional sobre quién controla las vías por las que circula el dinero en el mundo.

Aunque el enfrentamiento tiene su origen en la guerra comercial con Estados Unidos, el debate también gira en torno a la influencia geopolítica y a la soberanía digital y monetaria.

La disputa no se limita a los intermediarios financieros, como las redes de tarjetas de débito y crédito, ni a la posibilidad de que pierdan ingresos y cuota de mercado con la expansión de las infraestructuras digitales públicas. También es una cuestión de poder.

No es que las redes de tarjetas hayan dejado de ser importantes: de hecho, el uso de tarjetas incluso aumentó en Brasil con la expansión del Pix. Sin embargo, es posible que en el futuro ya no sean imprescindibles, y Estados Unidos quiere mantener el control sobre los sistemas de pago en todo el mundo porque eso le proporciona influencia geopolítica.

Las decisiones del gobierno de Trump, por ejemplo, incluyen casos en los que las sanciones contra personas e instituciones implican negarles el acceso a los canales bancarios formales controlados por Estados Unidos. Un ejemplo reciente es el de Francesca Albanese, relatora especial de la ONU, cuyo acceso a los sistemas bancarios estadounidenses fue restringido debido a sus críticas a la política estadounidense en Gaza.

Resulta más difícil obligar a empresas no estadounidenses a cumplir este tipo de medidas. Por lo general, las leyes deben ser reconocidas por el sistema judicial del país correspondiente para tener validez. En cambio, los sistemas de pago de empresas con sede en Estados Unidos (como Visa, Mastercard, Google y Apple) tienden a acatar las decisiones del gobierno estadounidense.

«Es geopolítica en estado puro. La disputa en torno al Pix o a las infraestructuras públicas digitales de pago no trata solo de intermediarios financieros, sino de poder», afirma la abogada Fernanda Garibaldi, directora ejecutiva de Zetta, asociación que reúne a bancos digitales y empresas de tecnología financiera.

Garibaldi destaca la importancia de que los países dispongan de alternativas y cita el ejemplo de Suecia, que volvió a introducir billetes en efectivo tras la guerra de Ucrania para evitar depender de sistemas de otros países, como las tarjetas de redes estadounidenses.

VÍA ABIERTA

En Brasil, el Pix se ha convertido en una infraestructura crítica, cuya interrupción tendría un fuerte impacto, y en un activo de soberanía regulatoria digital. Administrado por el Banco Central, no es una empresa pública ni tampoco una empresa privada.

Después de que el gobierno de Trump confirmara la aplicación de un arancel del 25 %, el presidente del Banco Central, Gabriel Galípolo, llegó a comparar el sistema con el saneamiento básico al defender el Pix. «Sería más o menos como decir que crear un sistema de saneamiento básico perjudicaría los ingresos de los camiones cisterna de agua».

Lanzado en 2020, el Pix cuenta con más de 170 millones de usuarios registrados, lo que representa aproximadamente el 80 % de la población. Según los especialistas, ha facilitado la inclusión financiera en el país y también el uso de tarjetas.

«El Pix, un sistema de pagos instantáneos disponible las 24 horas del día, los siete días de la semana, fue una auténtica revolución, quizá la política pública más importante de los últimos 30 años, con un enorme impacto en la inclusión financiera y en la digitalización de los medios de pago. El hecho de que la infraestructura pertenezca al Banco Central permitió ampliar el acceso», afirma Vinicius Carrasco, profesor de la PUC de Río y economista jefe de Stone, empresa de servicios financieros.

En medio de la polémica, Mastercard afirma que el Pix es una innovación importante y que sigue comprometida con invertir en Brasil, trabajando con socios de todo el ecosistema de pagos para promover la innovación, reforzar la seguridad y ampliar el acceso a los pagos digitales.

Visa informa que sigue de cerca la investigación de la USTR (Oficina del Representante de Comercio de Estados Unidos) y que mantiene un diálogo con las autoridades gubernamentales de Brasil y Estados Unidos para identificar oportunidades de fortalecer la colaboración.

FOLHA INTERNACIONAL