El drama constante de la migración se intensifica en Venezuela tras los terremotos

El drama constante de la migración se intensifica en Venezuela tras los terremotos

Los desplazados esperan sin fecha de regreso, mientras el país suma desplazados internos al éxodo de más de 8 millones de personas

Los supervivientes viven en refugios improvisados o frente a edificios destruidos mientras esperan una solución para empezar de nuevo.

El prolongado drama de la migración forzada que desde hace al menos diez años azota a los venezolanos ha adquirido una nueva dimensión tras los terremotos que golpearon el país hace casi una semana. Ahora se suma la crisis de los desplazados internos. Y crece a cada momento.

En lo que antes era un estadio de la ciudad costera de La Guaira viven actualmente 1.730 personas, o al menos 300 familias, que realizan sus actividades diarias y duermen bajo estructuras improvisadas. Muchas perdieron sus viviendas; otras vieron gravemente dañadas sus casas.

El calor es sofocante y no hay alivio, salvo las botellas de agua (muchas de ellas calientes) distribuidas por agentes de policía que organizan el lugar. En mesas improvisadas, se ordenan cientos de medicamentos donados para atender especialmente a personas mayores, personas con discapacidad y niños.

Wilmarys González, de 45 años, permanece allí desde el día de los terremotos, el miércoles 24. La planta baja de su casa sufrió grietas. En el segundo piso, las paredes se derrumbaron. Perdió a cuatro familiares en la tragedia. Al día siguiente logró encontrar con vida a un primo entre los escombros.

«Escuchábamos la voz de mi prima hasta el jueves a las 5:30; lo único que pedía era que salváramos a su hijo, que seguía con vida, porque al tocar al otro se daba cuenta de que ya no respiraba», relata a Folha. «Después dejó de hablar y ya sabíamos que había muerto.»

«Nosotros mismos nos dedicamos a sacar los cuerpos de nuestros familiares», continúa. «Sí, teníamos algún apoyo profesional, pero todavía no contaban con el material necesario para rescatar personas. Conseguimos palas y picos.»

Wilmarys nació y creció en La Guaira. En 1999 vivió el llamado «desastre de La Guaira», cuando una semana de lluvias intensas provocó inundaciones y deslizamientos de tierra. Afirma que ambas tragedias fueron igual de devastadoras. «Tardamos 27 años en reconstruir La Guaira, y ahora tendremos que hacerlo todo de nuevo.»

Todo lo que desean los desplazados internos por los terremotos que, como González, solo perdieron parte de sus viviendas es saber cuándo, y si podrán regresar a sus hogares. Para ello es necesaria una evaluación técnica del Estado que determine si el lugar es seguro. No hay previsión de cuándo ocurrirá.

«No tenemos fecha para volver», dice el jubilado Eduardo Sánchez, de 70 años, que también vive en el refugio improvisado junto a su esposa, de 69 años. «Una casa de la manzana se derrumbó. Entonces nos ordenaron salir por miedo a nuevos terremotos.»

El temor a las réplicas que se han registrado desde los terremotos gemelos está presente en todos. Es un impacto, sobre todo, psicológico. «Seguimos muy nerviosos», dice González. «Tenemos miedo. Todos los días hay temblores, entre dos y tres réplicas.»

En el refugio reciben desayuno, almuerzo, cena, agua y fruta. Los voluntarios también se han organizado. La ONG World Central Kitchen, especializada en responder a crisis humanitarias, instaló una especie de camión de comida para repartir alimentos.

Olivier Chastelain, director de respuesta en Venezuela de la organización, explica que distribuyen platos calientes, pero también arepas y sándwiches para quienes necesitan llevarse la comida. Contratan además a cocineros locales para preparar los alimentos y así contribuir a la economía local.

Si hay desplazados como Wilmarys y Eduardo que permanecen en refugios improvisados, hay cientos, quizá miles, que siguen viviendo en las calles. Muchos acampan frente a los edificios donde vivían, hoy destruidos, mientras esperan que los equipos de rescate recuperen los cuerpos de sus familiares que aún permanecen bajo los escombros.

Improvisan colchones y sábanas para levantar tiendas y dependen de donaciones para comer y beber. En plazas públicas de La Guaira y también de Caracas hay otros desplazados esperando alguna respuesta del Estado.

Según estimaciones oficiales del régimen venezolano, hay más de 15.000 desplazados en todo el país. El número de fallecidos confirmados aumentó a 1.943 y el de heridos a 10.571. Todas las cifras disponibles hasta ahora podrían estar subestimadas. Equipos como los de Acnur, la agencia de la ONU para los refugiados, y la OIM (Organización Internacional para las Migraciones) ya trabajan en todas las zonas afectadas.

Desde al menos 2017, Venezuela vive un éxodo masivo de sus ciudadanos, impulsado por factores como el colapso económico y la persecución política de los disidentes. Más de 8 millones de venezolanos viven hoy en la diáspora, principalmente en Colombia, Perú y Brasil.

Muchos integrantes de esa diáspora han regresado ahora a Venezuela para acompañar a sus familiares, ayudarlos a afrontar el duelo y reconstruir sus vidas.

Ahora, además del prolongado drama de la migración forzada que afecta a todo el continente americano, Venezuela también tendrá que hacer frente a la migración interna agravada por los terremotos. Por delante quedan las dudas sobre la rapidez con que estas personas serán reasentadas y el apoyo que recibirán para reconstruir sus vidas sin volver a caer en el interminable drama de la migración.

FOLHA INTERNACIONAL