Los colombianos se movilizan para rescatar a los supervivientes del terremoto dentro de las 72 horas críticas

Los colombianos se movilizan para rescatar a los supervivientes del terremoto dentro de las 72 horas críticas

Los equipos de rescate buscan personas entre los escombros con la ayuda de voluntarios. En ciudades como Cali o Pereira, con los servicios sanitarios afectados tras el seísmo, la gente lleva agua y comida a las víctimas y hace cola ante los centros de donación de sangre. Hay más de 220 muertos.

Los equipos de rescate colombianos lograron sacar con vida de entre los escombros a una mujer de 32 años el martes, entre vítores y aplausos, mientras las brigadas exhaustas se afanan por encontrar más supervivientes del terremoto más fuerte que ha sufrido el país en un siglo.

Las autoridades han revisado a la baja la cifra oficial de fallecidos, que de momento queda en 224, después de que las autoridades locales de Cali -la tercera ciudad del país en población y una de las más afectadas respecto a su infraestructura- corrigieran los datos iniciales.

Daniela Largo fue trasladada entre los restos envuelta en una manta azul, mientras los rescatadores la abrazaban y sus familiares gritaban de alegría. Soldados, bomberos y voluntarios siguen rastreando los edificios derrumbados en el Eje Cafetero colombiano tras el seísmo de magnitud 7,4 del lunes.

«Estábamos perdiendo la esperanza y entonces recibimos una llamada», relata su madre, Sandra Milena Pérez, en la ciudad de Pereira. Pérez explica que un vecino oyó gritos pidiendo ayuda bajo los escombros y se unió a otros ciudadanos para retirar los cascotes antes de que llegaran los servicios profesionales de rescate. «Gracias a él hoy estamos felices», dijo. «En casa la está esperando su hijo de 12 años».

Una oleada de solidaridad entre vecinos

En Pereira y en Cali, los equipos de emergencia utilizaron grúas, perros y maquinaria pesada para inspeccionar los edificios en ruinas, mientras los voluntarios formaron cadenas humanas para retirar los escombros a mano con la esperanza de llegar hasta quienes seguían atrapados bajo las estructuras colapsadas.

Al caer la noche, muchas familias se preparaban para dormir en los parques, mientras las réplicas sacudían barrios dañados en los que manzanas enteras habían quedado reducidas a montones de ruinas.

El terremoto ha desbordado parte del sistema sanitario y convertido el operativo de rescate en una de las mayores respuestas a una catástrofe que ha vivido Colombia en años. «La casa se nos vino encima. No fui capaz de salir», relata Beatriz Arcos, que quedó atrapada con su marido y su madre bajo su bloque de viviendas derrumbado.

«Tardaron aproximadamente una hora en sacarnos», explica Arcos. Fue hospitalizada después de que un bloque de hormigón cayera sobre su espalda. Su marido y su madre también resultaron heridos. En Cali, vecinos armados con picos, palas y sus propias manos se unieron a los bomberos para excavar entre los edificios colapsados.

Los efectivos se detenían cada pocos minutos para llamar a posibles supervivientes entre los escombros y escuchar si había alguna respuesta. «Estamos haciendo esto con nuestras manos, con guantes», cuenta el voluntario Pablo César Ruiz. «Es triste ver cómo se nos escapa el tiempo».

Este jueves se cumplirán las 72 horas críticas de referencia tras el seísmo para tratar de rescatar al máximo número de personas posible. Transcurridos tres días tras el fenómeno natural, provocado por la fricción entre la placa de Nazca y la Sudamericana, las posibilidades de supervivencia se reducen paulatinamente para los desaparecidos.

Muchas familias se ven resignadas a aguardar en una suerte de vigilia mientras los trabajadores continúan sus labores de búsqueda. «Mi tía vivía allí. Está bajo los escombros», dice Jorge González, de pie junto a un edificio derrumbado en Pereira. «Llegué ayer y no me he movido, y hasta que encuentren su cuerpo no pienso irme de aquí».

Mientras algunas familias esperan noticias de sus familiares desaparecidos, otras tratan de asumir la pérdida de sus casas, pertenencias y medios de vida. «Lo hemos perdido todo», afirma Stella Galvis, conteniendo las lágrimas tras escapar del derrumbe de su vivienda. «Nos salvamos de milagro, porque yo pude sacar a mi niño pequeño y mi pareja también logró salir».

EURONEWS