China actúa con cautela ante la guerra en Irán y equilibra seguridad energética y neutralidad
La guerra en Irán está alterando los flujos energéticos mundiales y aumenta el riesgo de una escalada regional más amplia, dejando a grandes economías como China en una posición muy delicada.
China ha adoptado una postura prudente ante la guerra con Irán, ha evitado implicarse directamente y se presenta como un actor neutral. Pekín mantiene un discurso público contenido mientras aumentan las tensiones en toda la región. «China tiene muy poco que perder si permanece callada y mucho que ganar si se la percibe como una parte neutral», señaló Ben Cavender, director general de China Market Research Group.
Al mismo tiempo, la seguridad energética sigue siendo una preocupación clave, ya que China depende en gran medida de las importaciones de petróleo tanto de Irán como de los países del Golfo y es una de las principales compradoras de crudo iraní, gran parte del cual se vende con descuento debido a las sanciones vigentes.
El conflicto ha despertado temores sobre posibles interrupciones del tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz, un paso estratégico para los flujos mundiales de petróleo. «No hay sustitutos fáciles», afirmó Tatiana Khanberg, fundadora de Statem Consulting y estratega energética. Sin embargo, la capacidad de China para influir en los acontecimientos sobre el terreno sigue siendo limitada, sobre todo en comparación con Estados Unidos, que sigue desempeñando un papel central en materia de seguridad en el Golfo.
Desde el inicio de la guerra, Pekín ha evitado alinearse de forma clara y se ha centrado en proteger sus intereses económicos y mantener relaciones estables con todas las partes implicadas. Esa neutralidad tiene sin embargo sus límites, ya que China equilibra sus vínculos con Irán con sus crecientes relaciones económicas con los Estados del Golfo.
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