El vivero de las maravillas: mujeres privadas de libertad hacen huerta en Tacuarembó

El vivero de las maravillas: mujeres privadas de libertad hacen huerta en Tacuarembó

En las afueras de la ciudad uruguaya de Tacuarembó, mujeres privadas de libertad en el anexo chacra femenino de la unidad número 26 del Instituto Nacional de Rehabilitación trabajan desde el mes de agosto junto a Huerta en Casa, a iniciativa del programa Sembrando y con apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
El trabajo de la tierra en el predio del centro de reclusión de Tacuarembó marca el ritmo de las jornadas. De 7 a 11h de la mañana, es hora de la visita de Ana Inés Rachetti que acompaña el proceso de cultivo que realizan 10 mujeres (el número varía en función de entradas y salidas) desde hace varios meses. Muchas veces, el horario se extiende, porque el trabajo es mucho y la pasión también.

A las 17h, es hora de regar y vuelve. El personal del centro también está involucrado –y entusiasmado- en ayudar a que las huerteras no dejen de levantarse y se mantengan motivadas para seguir cultivando. Pe-ro eso no parece ser un gran problema. En “El vivero de las maravillas”, como le pusieron ellas, “hay un poquito de cada una” de quienes lo hacen crecer.

Además de las rutinas, con la huerta también cambiaron las comidas. “Ahora comemos lechuga todos los días” se exclama una de las involucradas. Todas recuerdan la tarta de zapallitos “exquisita” que hicieron hace poco y aseguran que su alimentación cambió mucho. La encargada de cocinar para todas, que también trabaja en la huerta, es de las más comprometidas con el proyecto; se alegra de haber descubierto nuevos ingredientes y aprendido nuevas recetas.
“El relacionamiento con los alimentos desde que se cultivan, promueve una mayor incorporación de estos en la elaboración de preparaciones y, por lo tanto, contribuye a una mejora en la calidad de la dieta”, recuerda Julieta Moreira, Consultora en Seguridad Alimentaria y Nutricional de la FAO en Uruguay.

Martin Fossemale es otro de los integrantes de Huerta en Casa que acompaña la iniciativa en Tacuarembó. Sus visitas son una oportunidad de aprender para las nuevas huerteras: ahora saben que cuando se adereza la ensalada, la sal va primero, porque así queda por debajo del aceite y no hace falta echar tanta, por ejemplo.

Estas 10 mujeres no solo aprendieron que la fibra de coco es excelente para hacer plantines y que los tomates no deberían plantarse al lado de las coles, ni la zanahoria con el ajo, pero sí la cebolla con la acelga.

Se mezclan los cultivos para generar biodiversidad, pero nada es fruto del azar. Celebran la presencia de abejas y otros insectos polinizadores, de los san antonios que comen pulgo-nes y se alegran de no haber aplicado un solo plaguicida en su producción hasta ahora. También hacen compost.

Pero, la principal enseñanza que les deja la huerta es “el compañerismo”, dicen y, también, el “comer cosas nuevas, alimentarse y cambiar la rutina, ver verde y otros colores”, son algunos beneficios complementarios.

“Nos entusiasma que siempre haya algo nuevo para aprender”, explican estas mujeres que se llevarán para sus hogares hábitos renovados y conocimientos que les servirán en la vida cotidiana, así como una carta a favor a la hora de conseguir trabajo: La horticultura es uno de los rubros que emplea más mujeres en la zona.

“Es una manera de ayudarnos a nosotras y a todo el mundo, porque todos vivimos del medio ambiente”, se exclama una de ellas. “Es un ejemplo de circularidad: una cosa lleva a la otra, de la tierra a la huerta, a la cocina, luego a la olla, y finalmente con la semilla y el compost de residuos comienza nuevamente el proceso” reflexionan las mujeres junto a Rachetti, Fossemale y el equipo de la FAO que las visitó.

Los frutos de la huerta de las mujeres de Tacuarembó también alegran las comidas de los hombres en la cárcel central de la ciudad y las zanahorias que producen estas mujeres en Tacuarembó ya llegan a varias otras cárceles del país.

La FAO es una de varias instituciones que apoyan este proyecto que busca “promover conciencia de cultivo y autogestión de alimentos saludables haciendo uso de espacios comunes y favoreciendo la participación ciudadana”. En ese marco, desde la FAO en Uruguay, el Coordinador del Proyecto Plaguicidas, Sebastián Viroga, y el Consultor en Producción y Ambiente, Marcelo Sadres, visitaron las dos huertas que se desarrollan en Tacuarembó. (EL AVISADOR)

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